Hace siete años, algo tenía que cambiar.
En 2019 yo trabajaba produciendo espectáculos y pasaba demasiadas noches trabajando. El cansancio físico era enorme. Un día dormí 16 horas y, cuando me desperté, hice un click: necesitaba encontrar otra manera de trabajar.
Tenía la fantasía de que producir objetos iba a requerir menos presencia y que podía ser una forma diferente de generar ingresos. Así nació VIRA.
Elegí ese nombre porque quería que hablara de transformación, de cambiar de rumbo, de cambiar de piel. Y creo que, sin saberlo, estaba nombrando también lo que me estaba pasando a mí.
Desde el comienzo, VIRA fue mucho más que ropa.
Fue una búsqueda.
Ropa para personas.
Sin género, sin edades, sin cuerpos que tuvieran que adaptarse a la ropa.
Siempre quisimos hacer prendas cómodas, amplias, suaves y de buena calidad. Prendas para durar. Para moverse. Para expresarse.
Desde la primera campaña trabajamos con cuerpos y géneros diversos. Aparecieron bailarines, acróbatas, yoguis, embarazadas, personas de distintas edades y corporalidades.
Y aparecieron también las máscaras.
En plena pandemia, para una campaña que hice prácticamente sola, le pedí a un amigo que construyera una máscara que no fuera humana ni animal, que no tuviera género. Esa máscara nos acompañó durante años y se convirtió en una parte muy reconocible de VIRA.
Hubo campañas extrañas, fantásticas, andróginas. Hubo mucho amor y también mucho hate. Supongo que cuando una propuesta se sale de lo conocido, algo de eso es inevitable.
Mientras tanto, VIRA también fue cambiando.
Aprendí a delegar y a confiar. La estructura creció. Después me mudé a Miramar y VIRA siguió en Buenos Aires, sostenida por personas fundamentales para que pudiera existir a la distancia.
Las telas también cambiaron. Pasamos de estampas compradas a prendas lisas y, más adelante, a nuestras propias estampas, inspiradas en la naturaleza de nuestro país.
El logo cambió.
La forma de comunicar cambió.
La estructura cambió.
VIRA nunca fue un proyecto que construí sola.
Se fue haciendo colectivamente, con las personas que trabajaron conmigo, que pusieron sus manos, sus ideas y sus cuerpos en cada etapa; con quienes estuvieron detrás de cámara, en los talleres, en la comunicación, en la producción; y también con quienes eligieron las prendas, hicieron preguntas, dieron opiniones y ayudaron a que VIRA fuera encontrando su forma.
Por eso este cierre también quiero hacerlo de manera colectiva.
Porque hay cosas que nunca cambiaron:
la ropa para personas, la diversidad de talles, la comodidad, la calidad, la producción consciente, la atención personalizada y el diálogo con quienes elegían VIRA.
Durante estos siete años también sostuvimos una idea que para mí sigue siendo fundamental:
Vestirse es un derecho.
Hace ya algunos años que la industria textil nacional atraviesa una crisis profunda. VIRA también la atravesó.
La fui sosteniendo todo lo que pude y, de a poco, fui achicando la estructura. Dejé de producir prendas nuevas. Dejé de hacer pauta. Dejé de generar contenido. Dejé de trabajar con otras personas.
Mientras VIRA se iba apagando lentamente, yo empezaba a poner mi energía en otros proyectos.
Hoy estoy en otro lugar. Y estoy contenta con ese lugar.
Pero todavía quedan más de 500 prendas.
Y no quiero que queden guardadas.
Quiero que se muevan.
Que encuentren nuevos cuerpos, nuevas historias, nuevas formas de ser usadas.
Por eso decidí hacer el último movimiento de VIRA: liquidar todo el stock que queda y cerrar esta etapa de la marca de ropa.
No sé hacia dónde va a virar VIRA después de esto. Tal vez vuelva a transformarse. Tal vez encuentre otra manera de existir. Lo que sí sé es que, por ahora, no voy a producir más ropa.
Durante siete años encontramos maneras conscientes de producir.
Hoy queremos encontrar una manera igual de consciente de cerrar esta etapa.
Y quizás eso también sea VIRA:
Seguir cambiando de rumbo.
Seguir mutando.
Seguir en movimiento.
El último movimiento de VIRA ya empezó.
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Soy Cata Villegas
Creadora y diseñadora de VIRA
@catavillegaz
